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viernes, 13 de octubre de 2017

Ser mejor

Sé que te preguntas cómo puede ser que me mostrara más humana con mi perro que con las personas. En concreto, sé que te preguntas cómo puedo ser tan poco empática, tan fría, tan distante en cuanto a tus necesidades. Sé que te preguntas por qué soy tan estúpida, tan egoísta. Y sé que te preguntas por qué te quiero si no lo demuestro. Sé que te hago daño muchas veces, sé que no estoy siempre a tu lado, sé que a veces parece que quiera irme. Lo sé. Pero no tienes razón. No quiero irme, entiendo cuáles son tus necesidades y sé perfectamente que no las cubro. Soy yo quien debería preguntarte qué haces aquí conmigo porque seguramente no te merezco.  Me percato de mis actos en cuanto te veo mohíno, preocupado, ausente, con una sonrisa forzada. Sé que no es algo concreto, es un todo que a veces te afecta, un todo superior a mí. No voy a justificarme: no tengo justificación. Intentaré ser mejor para ti, ser lo mejor. 
Como no quieres hablarlo, te lo escribo. Te quiero. 

martes, 24 de marzo de 2015

Callada

Podrían haber sido seis, o bien tres, pero han pasado cuatro, cuatro meses. Los suficientes para regalarte lo que más deseas, lo que creo que más deseas: el silencio.
Siempre he hablado de más, he jugado con las palabras, con el sonido de las letras, llenando vacíos, dando explicaciones no reclamadas, expresando sentimientos que solo a mí me importan, desvelando intimidades (cosa que te molestaba muchísimo), aireando tus secretos más triviales. Ha llegado el momento de no volver a hablar de ti, de no pensarte, de evitar que aparezcas en mis sueños, observándome en la barra de un bar. Ha llegado el momento de darte el silencio. Podría haberlo hecho como merece la situación: no diciendo nada. Pero creía que merecías un silencio escrito, recordarte que tengo el otro pendiente, la pareja desparejada está en un cajón. Ahí lo guardo como un preciado tesoro, como un recuerdo del silencio que te debo de una vez por todas. Me gustaría decir tu nombre una vez más: ... Te quiero, en silencio.

miércoles, 28 de enero de 2015

Dragones

Esperar la llamada que te confirme que aún puedes soñar con volver a tener anhelos, aspiraciones.

Aguardar a que llegue el aviso de correos para que puedas recoger lo poco que dejaste atrás en un rincón de la geografía que no piensas volver a pisar de forma consciente porque la RAE dice que el adverbio derivado terminado en -mente no existe y ya me dirás qué narices piensan los académicos de la RAE.

Permanecer quieto observando como todo avanza mientras tú confías en que a la mierda, no tengo ganas de escribir y no sé qué estoy haciendo y escribir por escribir carece de sentido y no es la primera vez que me bloqueo sin saber qué decir y algo presagiaba la tontería del adverbio y me queman las orejas y siento una sensación de ahogo que solo la ebastina puede calmar así que menos chorradas como él las llamaba y a cuidarse e irse a la cama a leer uno de los libros que tienes a medias (que ahora son dos) y a soñar con la canción de O-zone como hace unos días que ya me dirás por qué sueñas con ese grupo rumano del numa numa yei que tiene delito que aparezca tan claramente en tus sueños porque no entraste en la fase REM y estuviste pocas horas en la cama en un estado de duermevela extraño viviendo en lugares que ni has visitado y despertándote cada media hora y eso que no tenías nada que hacer por la mañana que perturbara tus horas de descanso. Y ha venido el técnico del ascensor que siempre llama a tu puerta cuando se estropea que es bastante habitual que falle una vez recuerdas una vez tuviste que calmar a una vecina que se había quedado encerrada en ese ascensor de la muerte que al menos no tiene un hueco para los ataúdes como aquel de Barcelona que te daba escalofríos cada vez que subías y suerte que ya no subirás más en él y además lo han cambiado porque era verdaderamente desagradable.
Captura de Youtube: Dragostea Din Tei

domingo, 12 de octubre de 2014

Orgullo patrio

No me importa un pimiento asado berciano lo que pueda pensar la gente de mí, si me importara no tendría amigos de tan distinta forma de pensar. Intento respetar sus ideas, sus creencias, de la misma forma que ellos respetan las mías, muchas veces contradictorias. Porque soy contradictoria y de la misma forma que puedo felicitar la Diada, puedo sentir respeto por aquellas personas que hoy celebran la Fiesta Nacional. 
No tengo por qué justificarme y tampoco es mi intención. Pero hoy para mí es un día especial, seguramente más por motivos afectivos que de sentimiento real. Porque los que realmente me conocen saben que soy apátrida y que mi patria está dónde está mi corazón. En estos momentos mi corazón está lejos. Solo sé que yo estoy aquí, pero mi corazón no me acompaña desde hace un par de días. 
En fin, aunque no me leas, feliz día. Estoy orgullosa de ti, de mi patria, de mi pingüino de penacho amarillo.   
http://www.nuestromar.org/imagenes/noticias/2013/OCT/091013_pinguino_penacho_amarillo.jpg

sábado, 8 de marzo de 2014

La vida en venta

La vida aún en cajas medio vacías. Vendiendo la vida. Las aficiones. Los trastos. 

Volver al empezar. 

La vida en maletas llenas de ropa arrugada, vieja. Quizá algún día las vacíe. 

Confío.

Pronto hasta mis libros, polvorientos, estarán en un estante.

Lucho. 

Me vendo la vida, para tener mi lugar.

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Box.agr.jpg







 


lunes, 11 de noviembre de 2013

Rodeando charcos

Antes no era así. No sé qué ha ocurrido, pero antes no era así. Recordar los viejos tiempos con nostalgia se relaciona con empezar a ser un carcamal. Y sé que no soy un carcamal, pero añoro cuando era capaz y me veía capaz de comerme el mundo. Ahora me ahogo en un charco, lo rodeo antes que saltarlo. Antes no era así.

No es la falta de motivación o que no me ilusione por los proyectos vitales que emprendo. Es que a veces me bloqueo. Como ahora. He empezado a escribir presa del pánico, huyendo de un galimatías de acepciones, significados, definiciones... Y me pregunto: ¿qué haces aquí? ¿qué haces?

Foto: Luzrasante
Entonces llega el temor a no llegar al final, a no superar tus propios retos, a no tolerar de nuevo el fracaso y te paralizas. Buscas excusas, centras tu atención en idioteces y adoleces de postergación infinita, porque mañana será un buen día para levantarte aún más temprano, así aprovecharás el día trabajando y estudiando. Pero llega el mañana y trabajas pero no obtienes lo que quieres, estudias pero no terminas de entender algunas cosas y la frustración te atrapa y te incapacita. Solo tienes ganas de salir y gritar por el balcón ven a buscarme y llévame contigo.

Antes no era así. Antes siempre, siempre, siempre tenía la razón.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Para decir esto....

Un mes después de desaparecer sin ni siquiera decir un hasta luego, vuelvo, aunque no sé para qué. Las cosas no cambian demasiado, por no decir nada. Me alegraría decir que todo está mejor, que las cosas van hacia donde tienen que ir, pero no es así en absoluto. La Chica no puede dejar de complicarse la vida.

¿Os habéis preguntado alguna vez si es posible que las personas cambien? Yo pensé que sí, que con los años cambiaría, pero no hay manera. Pero no soy la única que no cambia. Nadie cambia. Evolucionamos un poco, pero a peor. Me explico. Evolucionamos hacia una versión peor de nosotros mismos. Si has tenido tendencia a tener actitudes infantiloides, estas se acenturarán con el tiempo; si eres depresivo, cuanto más mayor, más negativo. Estos son solo algunos ejemplos. No sé, creí que algún día podía cambiar de forma de ser, mas parece imposible.

Y ya no hay nada más que decir...

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Empezar sin terminar lo inacabado

Como soy una chica que se complica la vida, no sé estar sin complicármela. Tengo algunos proyectos laborales entre manos, algunos con posibilidades, otros en el limbo de la planificación previa. Incluso quiero volver a estudiar (gracias a la inestimable ayuda de mi compañero). Sí, volver a estudiar, empezar otra carrera. Debería terminar la que tengo a medias, pero Bolonia no me permite ya convalidar las asignaturas aprobadas. Así que empezaré de nuevo. Esta vez el grado de Lengua y Literatura Españolas (lo sabíais, no podía ser otro). Me encanta la lengua. Sé que por mi origen debería estudiar con profundidad otra lengua, más teniendo en cuenta la convulsa situación pre-independentista en la que nos hemos sumido. Pero, hay que asumirlo. Mi lengua es esta, en la que escribo, en la que pienso. Y quiero enriquecerme, saber más de ella. No confundáis esto con amor a la patria. Mi patria está dónde vivo, y si un día vivo en Kuala Lumpur, seré de Malasia hasta la médula... 

http://www.turismodigital.com/viajes/la-desafiante-kuala-lumpur.html
Por cierto, aprovecho para animaros a visitar el blog de una amiga que también ama su lengua, en la que escribe y piensa, así como otras más internacionales ;) Es este: Ai, el que fa l'avorriment.

martes, 16 de julio de 2013

Perdonen las molestias

Podría explicaros la interesante conversación mantenida hace tan solo unas horas fruto de un par de birras y unas tapas. Una de esas charlas trascendentales sobre la vida, la muerte, el destino, el más allá, Diós o un ser superior, etc.... Pero no. Voy a ser machista. 

La poca experiencia que me han dado los pocos años de vida que tengo (sí, soy joven aunque no lo pueda aparentar) me dice que, por estadística, cuando una mujer deja una relación es por un simple motivo: ha encontrado alguien mejor (o peor, nunca se sabe) que el anterior. Sí. Damos las típicas excusas del no eres tú soy yo, no sé lo que quiero, nuestra relación se ha estancado, no damos para más, etc, pero en el fondo la realidad es que ya tenemos un substituto. En cierta forma, esas excusas van ligadas a ese substituto porque no eres tú, es él, no sé lo que quiero pero no te quiero a ti, nuestra relación se ha estancado porque tengo otra mejor y no damos para más porque yo quiero darlo todo por otro. Yo misma soy un ejemplo. He tenido pocas relaciones, pero las que se han acabado por una decisión mía han sido porque había alguien más. No había llegado a poner los cuernos, pero haberlo haylo (el otro). En cambio, las dos veces que me han dejado (el mítico niño maceta y el que se suponía era el hombre de mi vida), no había nadie más. De una forma u otra fueron sinceros y acabaron con la relación antes de tener la excusa de ponerme los cuernos para poner fin a lo vivido. Lo que me lleva a pensar que las mujeres no sabemos estar solas a no ser que sea por obligación (cuando te dejan).

Sé que muchas de las que me lean no estarán de acuerdo con esta visión que puede resultar machista (como dije anteriormente). O bien, dirán que fijarse en alguien es síntoma de que la relación presente no va bien. Pero, por otro lado, parece que no somos capaces de cortar de raíz una relación a no ser que tengamos otra casi en marcha. 

Reflexión de una insomne donde las haya. Perdonen las molestias.

jueves, 27 de junio de 2013

HDP en Marte

Como ser un hijo de puta y no morir en el intento. Así debería llamarse la nueva peli de Almodóvar. Que lo de ser mujer y estar al borde de un ataque de nervios ya está muy visto. Me ofrezco voluntaria para el guión literario. Tengo muchos hijos de puta que mostrar, hijos de puta que lo son por naturaleza o se han convertido, aunque estos tienen alguna justificación para sus actos. La mayoría lo son por su poca humanidad y empatía, por ser seres rencorosos o bien egoístas. Esta característica es fundamental para ser un buen hijo de puta: pensar solo en un mismo sin importarle los demás. Después has de pisotearlos sin miramientos, vejarlos, humillarlos, pero siempre de forma indirecta, nunca con tu propio pie. 

www.emol.com
Así es el perfecto hijo de puta: el que pasa desapercibido para la mayoría, el que parece ser un encanto de persona. Ese es el hijo de puta perfecto porque sabe escoger a sus víctimas, que suelen estar entre sus seres, digamos, queridos. Hijos de puta del mundo: uníos de una vez cual club secreto, coged el transbordador ese que os llevará a Marte para no volver y una vez allí, jodeos la vida mutuamente.

miércoles, 29 de mayo de 2013

No tengo fe

A veces me gustaría tener fe. Una fe reconfortante, que mitigara el dolor. Una fe por la cual pudiera disculpar tanto sufrimiento. Porque no entiendo por qué a las personas buenas no les pasan buenas cosas. Quizás si tuviera fe, si creyera en un ser superior que guía mi destino, entendería que todo lo que nos pasa a las personas buenas es fruto de una prueba y que, tarde o temprano, nos veremos recompensadas. La fe me haría mover montañas y rezar a lo mejor me aliviaría. 

espaciocristianord.blogspot.com
Pero no tengo fe. Ni en Dios ni en ningún otro ser que pueda estar en este momento marcando mi camino. No es una prueba, la vida es así de puta. Y como no tengo fe no encuentro el consuelo de los creyentes. Como no creo que Dios me esté probando para vivir en un más allá paradisíaco, como no creo que la madre tierra sea tan hija de puta como para ponerme piedras en el ya de por sí empinado camino, no hallo respuestas a mis plegarias. Es jodido no tener fe. Benditos aquellos que creen en algo. Yo no creo en nada y, en ocasiones, ni en las personas buenas.

jueves, 11 de abril de 2013

Marcas torpes

Tengo una cicatriz en la rodilla derecha desde los siete años. Caí rodando por una pendiente (para qué bajar andando si puedes rodar) y fruto del incidente, me quedó una marca de lo más sexy. Muchos años después, más de veinte, mi subconsciente decidió que ya era hora de equilibrar la simetría en cuanto a cicatrices sexys. 

Una mañana temprano, con las maletas en ristre y la mochila al hombro, me dirigía a coger el bus que me llevara a la estación de tren, para iniciar un largo viaje. Vestida con ropa ligera y unas peligrosas sandalias, vislumbré el instante en el que me iba a matar. No literalmente. Vi una pequeña bajada en la acera y dije en voz alta, “te vas a caer”. Efectivamente, resbalé con la pierna derecha hacia adelante, caí de culo al suelo con la rodilla izquierda encogida bajo mis tantos quilos, unos pocos. 

Paré el poco tráfico que había a aquellas horas de la mañana y unos amables caballeros se interesaron por mi estado. Aunque el accidente pareció aparatoso, no me rompí ningún hueso y no con poco esfuerzo, proseguí mi camino a la estación. Allí me di cuenta de que me sangraba la rodilla izquierda y la parte frontal del tobillo. Será que tengo los niveles de plaquetas alterados o bien que hasta ocho horas después no pude desinfectar las heridas, pero el resultado del accidente continúa visible, un año después. 

Tengo ambas rodillas cicatrizadas y uno de los tobillos. Quizás ahora quiera lograr la simetría en los tobillos, ya que sigo lanzándome a las pendientes sin tener en cuenta mi torpeza.

lunes, 8 de abril de 2013

Al hijo de la Supernova

X-ray: NASA/CXC/MIT/L.Lopez et al; Infrared: Palomar; Radio: NSF/NRAO/VLA
A tu padre nunca le gustó mi música. La oía de fondo en nuestros encuentros fugaces. Escuchaba canciones que hablaban de amores perdidos, desdichas, cafeteras y domingos soleados, playas de aguas tranquilas y ambientes amarillos. No las entendía. No le apetecía escucharlas. Aprenderás con el tiempo que a tu padre pocas cosas le apetecían, pocas cosas le interesaban salvo tú y yo. Y eso último también lo pongo en duda.

Poco sé de tu padre. Es difícil conocerle a fondo. Sé que es un buen hombre, y eso debe bastarte. Sé que no quiere dañar a nadie, aunque lo haga. Sé que no sabe querer y eso lo convierte en un ser infeliz e incapaz de hacer feliz a nadie. Pero no se lo tengas en cuenta.

Él es la persona a la que más he amado en mi vida. Seguramente la única a la que he amado. He querido a mucha gente, me enamoré de alguien en su día. Lo que sentí por él no era sólo amor, era algo inexplicable. Era un vacío cuando no estaba aquí, era un vacío cuando lo tenía cerca. Decía él que era un problema para mí, eso sentía. Se equivocaba. No era un problema, lo era todo.

Decía de mí que era fuerte e independiente y que me admiraba. A su lado era pequeña e insignificante, necesitada y dependiente. Era el aire, mi oxígeno, mi agua, mi luz, mi vida. Y moría pensando que nunca podríamos tener una vida juntos, una vida normal.

Tu padre no era normal. Yo no era normal. Lo nuestro no era normal. Quizás por eso fue tan hermoso. Quizás por eso fue único. Relativizó mi mundo, mis creencias, mis deseos, mis aspiraciones. Nunca me necesitó y eso me dolía, pero cada vez menos. Porque disimulaba. Porque en el fondo fui la única persona a la que había amado, la única por la que sentía verdadero amor, aunque no supiese querer.

Era un cobarde. Lo reconoció entre lágrimas algunas veces. Fui la única persona que le hizo llorar en ciertas ocasiones. Algunas sin saber por qué. Otras por no poderme amar como yo reclamaba. Por no tener el valor suficiente de admitir que su vida sin mí era una auténtica desdicha, que no tenía ningún sentido.

Pero por suerte tú todos esos defectos (o virtudes) no los reconocerás. Porque tú eres el sentido de su existencia. Siempre lo serás.